Etiquetas

, ,

Había un hombre mayor, de voz calmada, que conducía un camión en la pequeña empresa de mi padre. Antes había sido carpintero y era diestro dando barniz a muñequilla. A veces hacía estanterías. Recuerdo el olor del barniz y que sonreía al decir aquello de «juventud, divino tesoro», sin saber probablemente qué poeta lo había acuñado. Pocos sentimientos más universales que esa conciencia de pérdida.

Qué problemática la relación con el que fuimos. Para unos ese extraño es una versión cruda, incompleta, de aquello en lo que nos hemos transformado, un personaje que nos inspira indulgencia y ternura. Para otros la juventud fue la cima de su biografía. Entraron en las asperezas de la realidad a lo grande, victoriosos, seguros, deseados. Algo salió mal luego y desde entonces todo ha sido abdicación. Hay aquellos que se avergüenzan de una juventud insensata, autodestructiva o violenta. Saben que han hecho daño a los demás y a sí mismos, toda su vida es un intento de huir de aquel que aún los mira desde el espejo.

Me he encontrado una foto de mis veintiocho años. Estoy escribiendo. La foto me la hizo la chica con la que vivía, junto con una perra chica y viejecita y una bella gata arisca. No sé si me sorprendió inclinado sobre la máquina de escribir o, como me temo, estaba posando. Me complacía verme así, concentrado y sereno, conjurando tempestades en cada folio en blanco. Era un fraude. No sólo es que no dominara el oficio, es que desconocía por completo los mecanismos del mundo, sus tenaces resistencias, la crueldad de sus rutinas. Han tenido que pasar años y naufragios, he tenido que perder muchas cosas para empezar a aprender en serio. Cada uno tiene sus tiempos.

Recuerdo aquella época. Yo sacaba algo de dinero como montador de videos turísticos, ella quería ser actriz y trabajaba poniendo copas en un bar que había abierto uno de esos empresarios muy maleados de la noche, entorno encanallado dado a proyectos erráticos, quiméricos y modestos, abocados al fracaso. Nunca sabíamos si podríamos pagar el alquiler. Me inquietaba que ella tuviera que trabajar rodeada de depredadores y farloperos. Y yo estaba ante esa máquina de escribir, que era suya, y no sabía nada de la vida ni de mi oficio y dios que frío que hacía en aquella casa y cómo esperaba su llegada, cómo me tranquilizaba ver a la perra despertar y anticipar temblorosa su aparición, oír el golpe de la puerta de un coche que la dejaba en el portal, el tintineo de las llaves, el chirrido de la cancela de hierro y sus pasos por la escalera. Llegaba agotada, oliendo a alcohol y a un perfume oscuro, intoxicante, que le gustaba. Todo iba mal, pero le habían pagado y dormíamos juntos y eso nos daba el coraje para perseverar. Por las mañanas nos despertábamos escuchando en un radio despertador las noticias caóticas de la Guerra del Golfo. Frases sin sentido atrapadas medio en sueños, cada una de las cuales era un presagio de incendios y masacres.

¿Qué pensaría el chaval de la foto de mí? Quiero imaginar que le caería bien y entonces sonrío al verme mendigar su afecto y su aprobación. Porque sé que en cierto modo le he fallado. Pobre muchacho, he dilapidado tus sueños y el tiempo que te fue concedido. También me la debes porque me cuesta entender cada una de las decisiones equivocadas que tomaste. Estamos en paz entonces, aunque aún me preocupo por ti.

Y me preocupo porque no me duele tanto la pérdida final del que ahora soy como la de aquel arrogante, despistado botarate lleno de prejuicios. Porque había algo luminoso en sus tontas esperanzas y una pureza irrepetible en aquel cuerpo que aún no había iniciado su ruina. Solo ahora puedo quererlo, a él y a todos aquellos («presentes sucesiones de difunto») que rieron, se enamoraron, blasfemaron e hicieron el ridículo en tantas otras casas y habitaciones. Quiero amar incondicionalmente la vertiginosa sucesión de errores, torpezas y entusiasmos de las que estoy hecho, cada recuerdo insignificante, esas queridas minucias que para vosotros no significan nada, pero que al final serán lo único que tenga.

Molinos 1989.jpeg (5)