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“Under the spreading chestnut tree I sold you and you sold me:
There lie they, and here lie we
Under the spreading chestnut tree.”

George Orwell, “1984”

Los árboles lo han visto todo. Durante millones de años nos precedieron en el mundo, haciendo el aire respirable. Sus ramas nos acogían en la infancia profunda de nuestra especie hasta que los abandonamos y nos erguimos, vulnerables bajo el cielo.

No los hemos olvidado. Silenciosos, protectores, perdurables, sus ramas tocan las nubes y sus raíces se adentran en la oscuridad. Fueron divinidades tutelares, nos resguardaban del sol y la tormenta, señalaban hitos al viajero en los grandes rumbos de un mundo despoblado. Bajo sus brazos extendidos se celebraban rituales, se administraba justicia. A su sombra se coronó a reyes y se los enterró. Pactos, juramentos y proclamaciones, en ocasiones la fruta amarga de los muertos colgando de sus ramas.

Aprendimos del rayo y empezamos a usar sus restos. Mordidos por hachas y sierras, su leña nos permitió sobrevivir a los inviernos. Los derribamos para construir nuestras casas y nuestros enseres. Lechos y mesas, patíbulos y laúdes, el madero en el que agonizó un dios compasivo. Sobre sus despojos hemos atravesado todos los mares. Poco a poco acabamos con los bosques donde vivían el ciervo y el fugitivo.

Los domesticamos. Ornato de avenidas y parques públicos, se les enganchan luces y banderitas en fechas solemnes. En los pueblos son una presencia familiar, refugio de pájaros y delicia de niños y gatos. A algunos se les daba un nombre, la gente se citaba junto a ellos. Los amantes los marcan porque saben que sus nombres les sobrevivirán.

Su ramaje nos recuerda el trazado de nuestras venas, la savia sube lenta por sus troncos. Ellos también respiran. Y mueren.

Me gusta cuando el viento acaricia la cabeza de los grandes árboles. Por un momento abandonan su solemne inmovilidad, las ramas más flexibles se cimbrean delicadamente, las hojas susurran, brillan y se estremecen allí arriba, como una risa que agradece la frescura. A veces es todo tan sencillo.

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