Etiquetas

,

La afición a plantear denuncias de determinadas asociaciones ultramontanas y la existencia de artículos en el código penal que son un coladero de abusos, agravado todo por la ley de Seguridad Ciudadana del inefable Jorge Fernández Díaz, está llevando a absurdos como la detención y encierro de los miembros de Títeres desde Abajo, el juicio contra Rita Maestre o la demanda contra Ada Colau y Dolors Miquel que ya han presentado unos pintorescos e hiperactivos Abogados Cristianos (sic).

No sólo son situaciones inaceptables y de resonancias siniestras, sino que dados como somos a comprar los packs ideológicos en su integridad, contribuyen a polarizar aún más nuestras opiniones, olvidando principios que considero elementales como que, aunque se esté a favor de un escrupuloso laicismo en el ámbito público, no está bien acudir en tropel a acogotar a unos que estaban rezando en una capilla (como no está bien reventar presentaciones de libros o actos universitarios por mal que nos caiga el contenido del libro o el político invitado), que no es buena idea programar en unos festejos municipales una obra de teatro de propaganda maximalista o leer en un acto institucional poemas-boutade, perfectamente defendibles en cualquier otro ámbito menos en un acto con representantes de los ciudadanos, de todos los ciudadanos. No digo que sean actos punibles, punible es el salvaje saqueo de los bienes públicos por redes clientelares. Digo que no son dignos de aplauso.

Hay muchas matizaciones que no haré porque sería la historia de nunca acabar, pero por favor, alguna vez debería cesar esta dinámica de acción atolondrada/reacción histérica. Aproximadamente la mitad de los españoles no piensa igual que la otra mitad y tenemos que convivir con ello. Con ello y con niveles de desempleo y corrupción puramente delirantes, inconcebibles en cualquier otro país civilizado. Es mucha y muy difícil la tarea a la que nos enfrentamos en los próximos meses, hay mucho que cambiar, mucha injusticia que reparar, mucho sufrimiento real.

Creo que deberíamos calmarnos, intentar hacérnoslo todo un poco más fácil, creo que sea cual sea el gobierno que salga en las próximas semanas habría que dejarlo respirar y no saltarle al cuello. Y eso no sólo incluye a tertulianos desaforados, directores de periódico acérrimos y políticos que no ven más allá de los intereses a corto plazo de su partido. Nos incumbe a todos. Nos exige que contemos hasta diez antes de echar leña al fuego en las redes sociales. Nos exige no difundir mentiras, no repetir consignas (las consignas, ese virus), nos exige no canalizar nuestras frustraciones y nuestra agresividad recurriendo al espantajo de un enemigo, nos exige madurar y no creer en las soluciones instantáneas, nos exige escuchar de vez en cuando las razones del otro, no satanizarlo, nos exige finalmente no levantar tanto la voz. Lo contrario del ruido no es el silencio y no podemos seguir así. En serio.

98e4096b-b002-4465-851e-cb3ac033386e_832

Francisco de Goya. “Riña de gatos” (1786)

Anuncios