Etiquetas

, ,

Uno llena su vida de aniversarios, señalizaciones del fluir trivial y corrosivo del tiempo. Ha pasado un año desde que abrí este blog y, conociéndome, me parece asombroso haber llegado hasta aquí.

Mientras escribo estas líneas un domingo por la mañana el sol cae a plomo sobre el mismo patio que tenía frente a mi escritorio cuando empecé a publicar estos ejercicios de vanidad y autodisciplina. La nueva presencia de un gato hace más rara la aparición de mirlos, pero el gigantesco abejorro (mi ruiseñor de Keats) al que por aquella época había puesto por nombre Miguel repite su torpe y tremebunda patrulla de borracho, golpeando la ventana. He dejado que prosperen algunas malas hierbas y yo, inevitablemente, sigo siendo el mismo, que es algo a lo que uno se acostumbra.

Repasando el blog siento algo de satisfacción. He mantenido, aunque decreciente, una periodicidad, he ido aprendiendo en el trayecto y, si me perdonáis la petulancia, creo que hay algunos textos que no están nada mal. Tampoco es que sea para que me levanten una estatua ecuestre en alguna plaza del barrio pero, qué queréis, uno ya se marca objetivos modestos.

No lo visitan multitudes, ni lo pretendía. Hay un pequeño número de lectores que de manera inexplicable prestan atención cada semana a las ocurrencias de un completo desconocido que tiene la idea rabiosamente comercial de incluir la palabra “desesperación” en el nombre de su blog. No podéis imaginar mi gratitud. A veces aparece un lector (siempre uno) en lugares imprevistos. Puede que se trate de operaciones de rastreo de información, piadosos mecanismos de refuerzo positivo del administrador de la página, qué sé yo, pero me hace gracia pensar en mi lector único de Corea del Sur, de Panamá, de Irlanda, de Estonia…

La firme voluntad de no incurrir en una frase del tipo “juntos a lo largo de estos años hemos compartido una aventura maravillosa pero ha llegado el momento de…” me empuja a seguir con el blog abierto, a pesar del miedo a repetirme, a haber contado ya todo cuanto tengo que decir y acabar siendo una especie de pariente gesticulante y coñazo.

Aunque a poco que lo piense, no lo he contado todo. No he hablado por ejemplo de

Los dormitorios de otras personas

La relación de las aves con el agua

Grandeza y ridículo del enamorado

El melocotón

Los hogares del pequeño camello

La personalidad escindida del gato

Rock progresivo. Pompa y rechifla.

Muerte de Lorenzo da Ponte en New York

Elogio del vello púbico

El Doppelgänger

Mecánica del aplauso

Los cuadros feos

¡Compórtese, no me exhiba su virtud!

Vindicación de Paul McCartney

Remordimiento y perdición de Raymond Bell, soldado, cocinero y el hombre que mató a Anton Webern (o Los Peligros del Tabaco)

El beso, oh

El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones: de Les Enfants du Paradise a Silvio Berlusconi

John Taylor, el cirujano declamatorio que dejó ciegos a Bach y Händel, un figura.

Decadencia del moustache

Jean-Jacques, qué hartos nos tienes

Instrumentos musicales que nunca prosperaron.

El anacrónico ciervo

Bowie y los vestiditos

Historia de la psicodelia en España. La Confraria de Bevedors de Vi.

El patio del colegio

El silencio tras la fiesta

Linneo. Flores y genitalia

Una visita a la cárcel…

No sé, ya pensaré algo. En todo caso nos vemos por aquí.

Anuncios