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(Breve texto leído durante la “Fiera del Libro”, fiesta organizada por la Asociación Diente de Oro y la Editorial Cuadernos del Vigía en la sala La Expositiva, con motivo del Día del Libro).

Estamos hechos de polvo estelar, un hervor de neutrinos, leptones y quarks. Condensaciones de tiempo y energía que de forma espontánea se organizan hasta adoptar la forma de una jirafa o de un señor de Lucena. Parásitos sobre la superficie de un planeta de aspecto cursi, perdido en los extrarradios de una galaxia cualquiera, le hemos puesto nombre a las cosas y hemos dado en registrar esos nombres para librarlos de la muerte. A tal efecto y con el tiempo hemos creado un elegante dispositivo que llamamos libro, un artefacto refinadísimo, que ha cumplido admirablemente su misión de transmitirnos conocimiento, belleza y placer.

Puede que no dure siempre, no al menos como lo hemos conocido, puede que lo que vivamos sea ya una fase crepuscular, pero podemos hacer que sea larga y esplendida.

Al final de “Eyes Wide Shut”, la última película de Kubrick, hay un enternecedor diálogo conyugal:

-¿Y sabes?, hay algo muy importante que debemos hacer lo antes posible.

-¿Y qué es?

-Follar.

Todavía queda mucho tiempo hasta que se empiecen a apagar las luces, celebremos mientras el libro. Y sí, hay algo que debemos hacer cuanto antes: leer. Leer como si nos fuera la vida en ello, leer como monjes eruditos confortados por el vino, como una muchacha tumbada en la hierba, como los soldados leen en las trincheras, como si tuviéramos veinte años y el temblorcillo del descubrimiento en los labios, leer hasta petarlo. Sin descuidar el follar, no se me malinterprete.

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