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«I love to see you naked over there,
especially from the back»
Leonard Cohen

Se acerca la primavera y quiero darle gracias al buen dios por el jovial culo, alegría del mundo. En mi familia, pecado de cursilería, recurrían a fraudulentos sinónimos, eludiendo la franqueza de su nombre real, culo, de robusta raíz latina.

No menos admirable que el amanecer, qué sencilla y afortunada su simetría. Culo bifronte. Por un lado el insolente, humanísimo, democrático culo, cuya mera existencia aniquila cualquier pretensión de solemnidad. Todos morimos y todos tenemos uno. Papas, reyes, ministros y presidentes de consejos de administración. Es nuestra zona vulnerable al ataque, privada de visión y que no podemos ver, nuestra cara oculta de la luna (en inglés el acto desvergonzado y libertario de hacer un calvo se denomina “to moon”), la que se ofrece al enemigo en el momento humillante de la huida. Culo delirante, escatológico, que alimenta el humor de toda la infancia. Y unida inseparablemente al humor, la vergüenza, jajá, te han visto el culo.

También carácter sexual secundario, para responder al cual estamos condicionados evolutivamente. Pero aun en la imperiosa seriedad del sexo conserva su ser amigable, su irreverencia. Se recurre a posturas que permitan su visión para añadir cierto desenfado al trascendente misionero. En ocasiones, la euforia de acariciarlo, besarlo. El impulso del mordisco, la risa y el azote.

Culo que adoramos porque pertenece a una cara, culo que a veces nos conmueve, inocente y vulnerable, noble, en esa especie de sereno abandono, incapaz de mal alguno. Culos que recordamos y que han tejido nuestra vida. La figura desnuda corriendo las cortinas en un hotel en otra ciudad, el culo de la mujer dormida que jamás te volviste a encontrar, el culo nadando bajo la superficie del mar, culo edénico, cerca del fondo, entrando en la oscuridad de un pasillo en busca de un vaso de agua, el culo sobre el que dejas descansar en paz tu cabeza, los culos imaginados del deseo sin realizar, los culos amados durante años y que has visto cambiar.

Culos tibios, suaves y bondadosos, que forman parte, antes quizás que paisajes, versos y canciones, de los mejores recuerdos de una vida. El culo es una patria.

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