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La risa, como la belleza, es común. El humor brota con una fácil abundancia, no hay rincón de la tierra, no hay edad ni circunstancia desesperada donde no haga su aparición, suavizando la aspereza del mundo. Qué prodigiosa creación del espíritu, con qué admirable elegancia puede deslumbrarnos en los lugares y personas más insospechados.

De este modo, el sentido del humor es algo que trabajamos durante toda una existencia. Vamos incorporando, absorbiendo de los demás historias y chascarrillos, mecanismos de chistes, inflexiones de la voz, usos muy personales de las palabras, vuelos nuevos del pensamiento. Nuestro sentido del humor, que consideramos parte imprescindible de nuestra personalidad, es en realidad una obra colectiva, una labor de años. Ni una sola risa que hayamos echado en la vida se pierde.

Me apena verdaderamente tener que morirme cuando más gracioso me habría vuelto y sería perfecto marcharse murmurando una payasada y oyendo las risas de tus deudos.

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