Cuando decidí abrir este blog quise que fuera una oportunidad de goce y disciplina. Para una persona de hábitos desordenados como soy, la exigencia de generar un texto en plazos fijos parecía un interesante desafío con el que hasta ahora he cumplido. He venido publicando una entrada cada tres días, recurriendo a veces a algún contenido ya colgado en las redes sociales para aliviar la carga. Junto a la voluntad de no hablar directamente de política (pretendo buscar lo que me una al lector, no los que nos segregue) estaba el deseo de mantener unos niveles mínimos de calidad. Me preocupa que un ritmo excesivo de producción me vaya empujando a repetir motivos e imágenes, a recurrir a viejos trucos y golpes de efecto. No quiero abusar de vuestra paciencia. Llevaba unas semanas dándole vueltas a todo esto, pero ahora se añade una nueva circunstancia: debo reservar mis fuerzas para un nuevo proceso de escritura largo y exigente.

Por todo ello voy a aflojar un poco el ritmo, aunque manteniendo una periodicidad constante. Cada cinco días publicaré una entrada. Me encanta escribir este blog y quiero que siga siendo un placer, para mí y para aquellos que me seguís, cosa que nunca me cansaré de agradeceros. Iremos, qué duda cabe, encontrando la medida justa. Hasta el martes que viene.

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