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Le he dado muchas vueltas antes de decidirme a abrir este blog. En un hombre que ha dejado de escribir durante veinticinco años no es algo de extrañar. Semejante renuncia sólo se explica por un extremo grado de exigencia, una inseguridad patológica y graves carencias de la voluntad; rasgos de carácter no precisamente útiles a la hora de mantener la mínima periodicidad que un blog reclama. Hay tantos blogs y algunos de ellos tan brillantes. ¿Realmente puedo aportar algo?, ¿tiene sentido esta pequeña plataforma de mi ego?, ¿lograré robar todavía un poco más de su tiempo a lectores previamente fatigados ante la profusión de voces y opiniones? Mejor no pensar en ello ahora, en el momento de levar anclas. Los que me han leído en Facebook reconocerán algunos viejos textos que poco a poco iré desperdigando aquí y allá en una vana lucha contra el olvido, reservas de no poca utilidad cuando me sienta bloqueado. Y eso es todo, ahora empieza el viaje y ya no puedo echarme atrás. Espero vientos favorables, cielos soleados y no aburrir jamás a mis posibles seguidores. Deseadme suerte en mi tarea.

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